El tamaño no importa

 

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En la primera diapositiva del curso básico aparece el siguiente texto “La foto la hace el que está detrás de la cámara”. Y aunque para algunos resulte una gran obviedad, otros no lo tienen tan claro.

La historia de la fotografía está llena de grandes obras maestras que ni mucho menos están realizadas con las cámaras de hoy en día.

La fotografía tiene una cosa buena buena y otra mala. Siempre que se pulsa el disparador…la foto sale. Si creemos que lo que estamos viendo en directo es bonito, la foto nos parecerá bien. El problema viene cuando no se sabe analizar lo que hay delante y no vemos lo que puede faltar o lo que puede sobrar.

Se tiende a creer que una cámara mas cara o más grande o con más megapixeles nos permitirá hacer mejores fotos, nada mas lejos de la realidad. Sólo en algunos casos concretos ganaremos algo, como por ejemplo en el momento que queramos fotografiar por ejemplo coches o motos a alta velocidad. En este caso una cámara que dispare 10 fotos por segundo, nos permitirá acertar mas que una que solo dispare 3. Pero esto también se puede compensar con paciencia y buena técnica. ¿Acaso una mejor guitarra nos permitirá tocar Recuerdos de la Alhambra si tampoco sabíamos tocarla con la guitarra barata?

Conocer como funciona la cámara, saber manejar sus diferentes prestaciones, utilizar cada parámetro y función en el momento adecuado, utilizar diferentes encuadres, combinar los colores de la escena, y sobretodo componer correctamente en todos sus aspectos (entre otras cosas que no vamos a exponer aquí), es lo que convierte una simple foto en una buena imagen.

No se puede esperar que la cámara lo haga todo por ti…por que no lo va a hacer.

Cada vez más las cámaras tiene más automatismos, y cada vez más se nota quien tiene base fotográfica y quien no, por mucho que avance la maquinaria fotográfica, el ojo fotográfico siempre será humano. Una cámara podrá incluso decidir la velocidad exacta de obturación para congelar un sujeto, pero nunca sabrá elegir el mejor encuadre, ni se irá sola a un sitio u otro para mejorar la composición, ni tampoco decidir si quiero un fondo nítido o borroso. En una fotografía hay que controlar lo de dentro (la cámara) y lo de fuera (la escena)

¿Y por qué hay que ir poco a poco en el aprendizaje? Pues porque para aprender cualquier cosa hace falta tiempo, y por supuesto también para la fotografía.

Pongamos otro ejemplo… imaginemos que todavía no sabemos ir en bicicleta y como es fácil comprarse una pues voy a la tienda, elijo una que se me acople y me la llevo. Miro en internet y leo para qué sirve el manillar, dónde tengo que poner los pies, cómo hay que pedalear, etc… y veo en youtube que la gente hace maravillas encima de una bicicleta. La meto en el coche y me voy al campo a bajar por una pista de montaña, que parece divertido. A los pocos segundos estoy en el suelo, contra un árbol o cayendo por un barranco.  Y entonces pienso… “pues igual voy a empezar a aprender a mantener el equilibrio, luego a pasear por el parque, y si eso mas adelante intentaré bajar un bordillo…lo de la pista de montaña vamos a dejarlo para mas tarde”.  ¿Es de lo mas sensato no?

¿Y por que no pasa esto actualmente en fotografía? Pues porque no nos damos un porrazo cada vez que hacemos una foto mala.

Como la foto siempre sale, bien o mal, y no sabemos diferenciar una foto buena o muy buena,  de una mala, normal o mediocre… pues todo parece que valga.

Y de entrada todo vale si es para ti y te conformas (allá tú), el problema viene cuando la foto se la haces a alguien y los dos creeis que es una fantástica foto y no pasa de lo puramente mediocre o malo. Hacer bodas a conocidos, fotos a modelos, la comunión de tu sobrino, etc… es como comenzar a ir en bici bajando por un barranco pero sin los golpes que te dicen que algo estás haciendo mal.

Antes del boom de la fotografía, los fotógrafos que había eran todos mas o menos profesionales, era su forma de vivir, y los que eran aficionados intentaban ser buenos pues no veían el resultado hasta el revelado, que además costaba dinero. Y la gente que iba a hacerse fotos a un fotógrafo tenía bastante claro que éste sabía lo que hacía y no debían preocuparse demasiado del resultado, pues siempre era bueno. Los tiempos han cambiado y ahora tanto el que fotografía como el fotografiado deberían saber cuando una foto está bien, está mal, o simplemente podría estar mejor.

Todas esas modelos que se dejan fotografiar por cualquiera y que reciben a cambio unas fotos mediocres o malas, deberían saber diferenciar unas fotos de otras…o eso o vivir engañadas…hasta que alguna lleva las fotos a una agencia y le dicen que se hagan unas fotos buenas, que eso no sirve.

O bodas realizadas por cuñados, amigos, o gente que se anuncia como fotógrafo cuando no tienen si quiera una mínima base, ni técnica, ni compositiva, ni de retoque. He visto reportajes de boda donde mas del 90% de las fotos “buenas” estaban movidas, desenfocadas u oscuras…entre otras cosas. (y os prometo que no estoy exagerando)

De la misma manera que todos nos hacemos el pelo por las mañanas, pero cuando tenemos un acto especial (boda, fiesta, etc…) vamos a la peluquería porque buscamos un profesional que nos arregle un poco o un mucho, ¿por qué dejamos que en esos actos tan especiales e irrepetibles cualquiera nos haga las fotos?

Hay aficionados que hacen las cosas muy bien, pero la gran mayoría tampoco cubren esos actos, por ejemplo, con dos cámaras… que pasa si se rompe una? Recuerda…una boda, un bautizo o una comunión no se pueden repetir.

Tener una cámara reflex no significa saber hacer fotos.

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